Hidropoética (2012-2021)

Obra que realizan desde el año 2012 por medio de expediciones a glaciares, ventisqueros y al Continente Antártico, donde crean proyecciones monumentales de rostros sobre espacios naturales marcados por el paso de los glaciares y sobre los glaciares mismos emparentándose de manera poética con ellos. Actualmente están interviniendo el Río de las Minas, la cuenca de uno de los ríos más australes de Chile que desemboca en el Estrecho de Magallanes.A continuación algunos registros y textos de las obras.

HIDROPOÉTICAS. ENFRENTANDO LA SINDEMIA 

Texto por Rodolfo Andaur.

Captura de Pantalla 2021-04-06 a la(s) 11.02.15

Exposición en Casa de América curada por Rodolfo Andaur del 26 de marzo al 22 de mayo en Madrid, España.

El imaginario multimedial producido por el Colectivo Últimaesperanza ha generado diversas contemplaciones sobre la agreste textura que exhiben los hielos eternos del territorio subantártico y patagónico. Estos paisajes relucen rasgos versátiles bajo el marco de una naturaleza siempre indómita. En este sentido, la relación que han creado para percibir la biósfera confirma la interpretación que ellos han construido sobre estos paisajes y cómo se han enfocado en su estudio.No hay dudas: el paisaje es aprehendido también en el momento en que se comienza a avanzar cada vez más hacia sus ‘adentros’, más allá de la objetiva representación, hasta descubrir el orden de lo visible en una total desilución del yo.[1] Es más, cada percepción es, por tanto, intencionada y fundacional. Percibir es una manera de proyectarse sobre una realidad concreta, sintetizarla o interiorizarla, y representarla a través del espacio y el tiempo. En la experiencia estética el paisaje se transforma en arte gracias a la extensión y a la intensificación de ese acto intencional.[2]

Las percepciones que rodean la interpretación del paisaje, de la mano de los nuevos medios y las tecnologías que lo visualizan, diseñan una parte del imaginario del Colectivo Últimaesperanza. Este suceso ha elavorado múltiples significantes que tratan de descifrar la existencia humana, lo no humano, y también lo visible e intangible. Con esto a cuestas, considero que tanto lo audiovisual como lo sonoro -que este dúo interconecta-, acepta y, al mismo tiempo, invoca al paisaje. Desde esta dimensión, el simple acto por capturarlo, con cierta fidelidad, altera el proceso de asimilación que construimos sobre él.

Además, entre medio de estas interpretaciones, la narrativa que está presente en las acciones sobre estos hielos eternos exterioriza una serie de fisonomías que están adosadas a todo lo que engloba un paisaje que hoy aparece amenazado por una serie de factores, principalmente, antrópicos. Entonces, el paisaje seguirá exponiendo antecedentes físicos y abstractos que han marcado los productos históricos de su misma evolución, ya que en definitiva hemos sido envueltos con una sensibilidad asociada a lo que existe, a lo representado y, por cierto, a lo simbólico y las simbolizaciones –extremas– de él.

Pero también el paisaje es un hecho ecumenal. Y no solo porque reconocemos una cultura globalizada-neoliberal en el paisaje, sino porque además estamos constantemente exclamando sus interpretaciones. En este caso, esta última frase considerada por Agustín Berque, depende de la manera en cómo se establece en nuestro rededor y el medio existencial que pertenece a tal o cual sociedad. Por tanto, el paisaje no sería universal; es contingente como la historia y concreto como la ecúmene[3].

Es más, según Raffaele Milani, el paisaje “es así una aventura de nuestro hacer, de nuestra mirada y de nuestro espíritu, porque solo establece reglas provisionales y cambiantes; los cánones de la visión, aunque se reiteren en la historia, viven de superaciones permanentes” [4]. Pero, para el paisaje, los hechos inasibles de su interpretación cultivan transiciones, en nosotros mismos, acerca de los cambios que la Pacha ha experimentado. Milani continúa: “El paisaje no es una experiencia de rutina. Muy al contrario, está vinculado sobre todo a las capacidades de modelar y esculpir el territorio, de ver, al estupor del contemplar, a la movilidad de la mirada, al placer de pasear. El paisaje no depende de un antes y un después; es incoherente e irregular, y no privilegia un sistema de observación determinado. Tiene un componente que podemos considerar onírico, porque está vinculado a la imaginación”[5].

Indudablemente, si Berque y Milani extendieron una definición hegemónica-europea mucho más allá de lo que se nos ha permitido inferir desde este rincón de Sudamérica, sobre esa quimera llamada paisaje, también es posible reconocer que el somero paneo que imaginamos, sobre sus indefinidas huellas, provoca una indolencia hacia la manera en cómo lo comprendemos y escuchamos, a pesar de que para nosotros estas características pueden estar inmensamente arraigadas en las tradiciones e interpretaciones de la propia cultura globalizada, ya que siguen conservando cierta indeterminación colectiva que puede leventar varios puntos semejantes con el panorama en crisis que actualmente experimentamos.

Desde otra vereda, no debemos omitir los análisis del paisaje que ya fueron escritos por la epistemología de las primeras naciones americanas que, por cierto, dista mucho del ideario europeo-intelectual que domina una parte del discurso global sobre esta materia. Por ejemplo, al escuchar las narraciones de la Kawésqar Gabriela Paterito[6], o al interpretar los mitos y leyendas que han sido escritos del mítico Jemmy Button, adosamos otras concepciones del paisaje de esa parte de la geografía que Chile ha discrimando y violentado para construir otros paisajes. Unos que estén más acorde con el euroblanquismo y la maquinaria extractivista. No obstante, ante esta premisa, parece que estas formas pretéritas de estudiar el paisaje están retocadas con tantas aleaciones que singularmente sucumben en otros paisajes que no dependen solamente de una imagen estática o audiovisual, por lo que la ecuación del Colectivo Últimaesperanza, para interpretar el paisaje, yace en objeciones integradoras y temporales de cómo lo estudiamos en colectivo.

Al observar una y otra vez estas imágenes sobre los campos de hielo, los canales antárticos y los quietos cursos de agua, incorporamos un relato del quehacer político y conceptual de esos territorios aislados, muy lejos de la gobernanza centralista y fuera del alcance de los privilegios que asiduamente presenta el contexto chileno del arte. A este mismo binomio político y conceptual le sumamos un entorno físico en el que las texturas que se han originado proyectan, estructuralmente, más de una realidad. Junto a ello, este colectivo nos revela una particular versión de la complejidad que significa somatizar aspectos enraizados en la actual visión que poseemos del paisaje. Es más, estos mapeos asemejan las letanías geográficas del estudio en cuestión a través de un país tan inabarcable.

De esta manera, las ‘obras’ aquí presentes desprenden espacios naturales que convergen en una audiovisualidad y sonora armonía. Una estética que es recurrente en una época donde el aspecto de las tonalidades ya ha sido alterado por la ciencia tecnológica a pequeña y gran escala.

Cabe recordar que el paisaje hace tiempo que ya no es solo presentado como una imagen alegórica, sino que también es luz y sonido. En este sentido, la naturaleza se ha encargado de enredar al artista con los efectos que exteriorizan los diversos fenómenos atmosféricos.

Las exploraciones de Sandra Ulloa y Nataniel Alvarez intentan unir y separar, en varias partes, estas experiencias a la intemperie con el objetivo de profundizar sobre aquellos paisajes que han sido unificados como un curioso portal, y en donde aquellos espacios naturales, que han sido incorporados a sus viajes de exploración, dan cuenta de los infinitos reparos e incertidumbres del cotidiano de esos territorios. Porque si revisamos estas interpretaciones comprendemos que el formato audiovisual ha impuesto ciertas alegorías que fracturan el hábitat y la forma de re-nombrar el espacio. Es así como las Hidropoéticas contienen una fuerte relación con su hábitat para disfrazar los sitios baldíos que siempre miran al cielo y que, sin excepción, son travestidos por el paso del tiempo.

En resumen, las marcas de estas acciones han trastocado nuestra mirada a través de operaciones simbólicas, esas que representan, al mismo tiempo, las aspiraciones y desilusiones de los artífices. En este sentido, las estéticas de las Hidropoéticas pasan a formar parte de una plataforma de difusión que aplica otras perspectivas audiovisuales para describir un contexto que re-conoce en el paisaje una variedad de temas y sub-temas que no están estrictamente relacionados solo a su interpretación dentro del campo de las artes visuales.

[1] MILANI, Raffaele. El arte del paisaje. Cap. 1: La estética del ambiente (Madrid: Biblioteca Nueva, 2015) p. 19.

[2] Ibíd., p. 21.

[3] BERQUE, Agustín. Cosmofonía y Paisaje Moderno, publicado en Paisaje y Pensamiento editado por Javier Maderuelo (Madrid: Abada Editores, 2006), p.160.

[4] MILANI, Rafaelle. Estética del paisaje: Formas, cánones, intencionalidad, publicado en Paisaje y Pensamiento, editado por Javier Maderuelo (Madrid: Abada Editores), p. 56.

[5] Ibíd., p. 57.

[6] AGUILERA, Oscar y TONKO, José. Relatos de viaje Kawésqar. Nómadas Canoeros de la Patagonia Occidental (Temuco: Ofqui Editores, 2013), p. 169.

Hidropoética/ Expediciones Antárticas (Continente)

Exposición en el Museo de Arte Contemporáneo MAC QUINTA NORMAL, en Noviembre 2016. La muestra es el resultado de dos expediciones al Continente Antártico durante los años 2015 Y 2016.

Considerar el espacio geográfico un símbolo es determinar sobre los paisajes cargas de sentido; interpretaciones subjetivas que cual relatos de la ficción buscan extrapolar de la sustancia natural propiedades valóricas que particularicen la pertenencia de quienes les circundan, emergiendo así del entorno natural expresiones de cultura que signifiquen la experiencia de vivir en un determinado lugar como una frontera simbólica distintiva de los demás. Por decisiones geopolíticas, económicas y culturales los estados se han apropiado de determinados paisajes convirtiéndoles en fetiches indiscutibles de sus localidades. La Antártica quizás sea el más actual de los territorios que entra mundialmente en estas apropiaciones discursivas de los lugares; un ejercicio de domesticación.

Situados en la región de Magallanes y Antártica Chilena (Punta Arenas) Álvarez y Ulloa recogieron los registros de individuos con los que se encontraron –y a quienes enfrentaron a preguntas sobre identidad y pertenencia- proyectándolos monumentalmente en diversas superficies del territorio antártico. La acción de las proyecciones lumínicas adquirió un sentido particular: los testimonios de estos paisajes humanos, en relación a la subjetividad sobre quiénes son, se impregnó y diluyó en los distintos paisajes dando materialidad al concepto “identidad”, un sustantivo abstracto en dinámico movimiento e indeterminación, cual bloque de hielo que por milenios ha venido reflejando las constantes variaciones de la luz.

Tanto en “Seis sujetos” (instalación sonora), como en “Poéticas para una ficción” y “Terra Australis incognita” (video instalaciones y animación) Álvarez y Ulloa concatenan discursos, incorporando los archivos de distintos registros y documentos que no sólo transitan de ida y vuelta desde el territorio antártico, sino que vienen desarrollándose con la historia. Operando desde los lenguajes mediales son puestos en tensión los mecanismos oficiales para describir dicho territorio con lo que creen los sujetos que circundan la zona. El paisaje entendido como una textualidad discurre en el trabajo de Álvarez y Ulloa como un símbolo polisémico, un flujo constante de discursos y síntomas que al superponerse generan nuevos, problematizando lo que se comprende por identidad, hecho posiblemente originado en la materialidad de la geografía en disputa simbólica: las formas infinitas que puede adquirir el agua según el recipiente donde esté contenida.

Ricardo Mancilla Garay

Hidropoética/Glaciar

Exposición en Galería  LIQUEN, Punta Arenas, diciembre 2014.

Texto de la muestra

Glaciares australes: el mito de la desintegración

En la antigüedad clásica la psyche (el alma) fue un espectro de aire y humo, un soplo vital que permanecía encerrado en las fronteras del cuerpo. Sólo el tiempo de la muerte permitía al hombre penetrar en el sentido oculto de lo humano, acceder a su plenitud esencial, esa no representación en la que podía conocer su auténtico rostro invisible. Mientras, al otro lado, sus dolientes construían hitos de piedra, esculturas de su corpórea presencia, para no continuar matándole con el olvido.

Narciso, desconociendo la psyche, halló una trágica muerte sujeto del amor a su reflejo, ahogado en la inocente razón de otorgar todo el sentido de su existencia al cuerpo que lo miraba desde el lago. Narciso nunca vio el agua, sólo se vio así mismo.

Muchas cosmogonías comenzaron en el agua. Para Mircea Eliade, por ejemplo, el agua del rito bautismal es capaz de abolir los contornos de un cuerpo para fusionarlo a todas las formas, regresándolo a un estado amorfo como el del alma. Así mismo, aplicará el concepto regressus ad uterum para observar los diferentes renacimientos por los que atraviesa la figura de una héroe, en una analogía de la gestación maternal donde el feto representaría el principio esencial, un estado material de la autentica esencia de lo humano.

Ya en el siglo XX, el escritor Francisco Coloane situó la Patagonia en la literatura universal como el último espacio de aventuras, tierra naturalmente salvaje, generosa en recursos, reducto de paisajes prehistóricos compuestos por cavernas y milenarios hielos de la glaciación. Sus personajes, bandoleros extranjeros, buscadores de oro, cazadores de indios, prófugos de la justicia, entre otros, enfrentados a la desolación y la inmensidad,  mueren o se mitifican.

“…la naturaleza primero lo desintegra a uno, y luego lo integra a ella como uno de sus elementos. En la primera etapa parece que se fuera a desaparecer, algunos perecen, y en la segunda se renace con segundo vigor; así tal vez selecciona y destruye lo que más le conviene.” (Tierra de olvido:413)

En su transparente condición de no materialidad, las intervenciones de luz sobre glaciares, evocan visualmente el mito elemental que atraviesa la literatura de Coloane al desintegrar, sobre ellos, fotografías de cuerpos que las solidificadas aguas de los hielos desfiguran integrándolos a sus caprichosas y efímeras formas que cual vetustos templos prehistóricos, se derrumban constantemente en témpanos que se marcharán por otras aguas sólo para derretirse.

Su narrativa se sostiene en el suspenso. A cada destino se superpone la fuerza del mito, que cual manivela, eleva al héroe o retuerce al traidor, que sujetado a un borde de la inteligencia se afana en razonar, creyendo que la ambición es un control, un poder que dominará la naturaleza austral que acabará matándole, cual Narciso. Los otros, héroes olvidados de sí mismos, deambulan contemplativos en la inmensidad pampina allegados al saber de un antiguo instinto, anterior a la palabra y eco del silencio. No necesitaron de la trágica muerte para conocer quienes realmente eran. Comenzaron una vida nueva luego de que dejaran que el territorio los desintegrara. Quien regresa desde la naturaleza a su propia naturaleza “se evade por dentro, viaja por sus venas, se empina sobre el andamio de sus huesos, bebe en su corazón, y llega hasta un maravilloso reflector que está arriba, en su mente… Así se mira hacia adentro…” (Los pasos del hombre:153) recuerda las aguas de su origen.

Ricardo Mancilla Garay