Multiverso

En el verano Europeo del año 2017,  Leandro Pisano y Beatrice Ferrara, curadores del Festival INTERFERENZE, nos invitaron a ser parte de la cuarta versión de la microresidencia LIMINARIA en el sur de Italia, específicamente en Montefalcone Di Valfortore. La curatoría propuesta para esa oportunidad se tituló “Coexistencias”, la que en palabras de Beatrice propuso  “crear una narración colectiva y alternativa del territorio rural y de la experiencia de lo rural en el Sur de Italia desde el arte contemporáneo y los nuevos medios”. Ante la invitación nuestra propuesta de indagación del territorio se construyo en base a entrevistas a sus habitantes y a diversos registros de campo que
durante intensos 5 días se propuso ahondar en las interrelaciones de los seres humanos y no humanos del lugar.

En una primera instancia la idea fue encontrar una relación entre ambos sures (Italia/Chile) por medio del clima y la geografía, destacando también  la lectura que Noam Chomsky hace de la
globalización y de como las grandes economías  del mundo han servido para hacer “más” ricos a los países ricos en desmedro de los “países del sur”. Y una de las impresiones primeras de aquel hermoso lugar (Montefalcone) asombra por una gran contaminación visual originada por desbordantes parque eólicos que consumen el espectacular viento de la localidad no dejando nada de esta acción para el consumo o bienestar de la comunidad del pueblo, situación que pudimos advertir gracias al
rescate de distintos relatos “invisibilizados” de sus habitantes, por medio de la metodología de la entrevista.

La entrevista, es un método que expande o más bien propicia una relación con la comunidad, para nosotros es un elemento fundamental al acercarnos a cualquier territorio para poder ir componiendo ideas sobre la experiencia cotidiana de “ser” o tal vez “pertenecer” a espacios determinados, logrando identificar lo que podríamos llamar las “identidades”.

Estas reflexiones culminaron con una Muestra en Nápoles en enero del año 2019 y en Montefalcone en junio del mismo año.

A continuación el texto de la curadora Beatrice Ferrara.

La práctica artística del Colectivo ÚltimaEsperanza se funda en una relación ineludible con el territorio, que conlleva una inquietud por investigar la experiencia cotidiana de “pertenecer” a un espacio y la necesidad de enfrentarse a un concepto muy complejo como el de “comunidad”, para ahondar el los diferentes sentidos de “identidad” sin ceder a un mero repliegue identitario. Esta relación se traduce en un esfuerzo para armar una visión “ecológica” del territorio que incluye pero no se limita a las preocupaciones medioambientales, sino más bien intenta hacer emerger toda la complejidad del propio territorio, donde coexisten diferentes formas de vida, tanto humana (quienes habitan el territorio) como no humana (como por ejemplo los elementos de la naturaleza). Muy presente en su obra está también la necesidad política de fomentar conocimiento de forma colectiva, a traves del rescate de relatos invisibilizados, que logra revelar cómo todos territorios son zonas de mucho contacto y movimiento, más aún cuando esos mismos territorios podrían definirse como “marginales” o “periféricos”, tanto en el sentido de su posición geográfica como de su posición discursiva en las representaciones emitidas desde un supuesto centro de poder. Por todo ello, se podría decir que en su práctica el Colectivo ÚltimaEsperanza desarrolla un enfoque decolonial a los medios y a las artes mediales. Todo eso es lo que se encuentra también en “Multiverso”, la obra que el Colectivo ÚltimaEsperanza realizó en Nápoles en el mes de enero de 2019. 

Ese pequeño universo sensorial y sensible armado por los artistas en la galería RIOT Studio en el centro antiguo de Nápoles tiene pero origen en una experiencia anterior que Ulloa y Álvarez tuvieron en el Sur de Italia en el verano boreal de 2017, como residentes en el marco de la 4ta versión de “Liminaria”, un proyecto de investigación y residencia artística curado por Leandro Pisano y yo con la aspiración de fomentar una narración colectiva y alternativa del territorio rural en el Sur de Italia desde el arte contemporáneo y los nuevos medios. En aquella ocasión, los artistas trajeron su metodología forjada en Patagonia a Montefalcone di Valfortore, un pueblo que queda en la misma región de Nápoles, pero bastante lejos de ahí, en un valle muy bello, a la vez muy aislado e incrustado entre tres diferentes regiones del Sur, caracterizado por la presencia del viento y de controversiales parques eólicos, y que en términos de habitantes se enfrenta al gran riesgo del despoblamiento que une muchos territorios rurales del país. Para quienes acudieron a visitar la obra en Nápoles, “Multiverso” fue una oportunidad para acercarse a la gran riqueza y complejidad del territorio de la región y a temas de relevancia local y global, como la invisibilización y la explotación de los recursos. De hecho, a pesar de quedar en la misma región, Nápoles no conoce mucho sobre Montefalcone y el valle del Fortore. La obra del Colectivo ÚltimaEsperanza contribuyó entonces a un movimiento de creación e intercambio de conocimiento que se origina en el territorio supuestamente más marginal para llegar al supuesto centro y lo hizo más especificamente a través del filtro creativo y poético de una sensibilidad artística que nace y crece en Patagonia. Esta operación acerca mucho las áreas rurales del Sur de Italia al territorio del Sur de Chile, dando espacio a las inquietudes comunes que nuestras tierras comparten y convertiendo nuestras fuertes diferencias en términos de geografía y experiencias en un valor añadido.

“Multiverso” en cierto sentido representa entonces “otra vida posibile” o quizás una “manifestacion parallela” de la experiencia vivida en 2017 en Montefalcone en circunstancias muy específicas y particulares como las de una residencia site-specific, llevada a cabo, en aquella primera instancia, a estricto contacto con el territorio y los residentes del territorio, durante un tiempo relativamente corto pero muy intenso, lleno de encuentros y conversaciones. Por ello, “Multiverso” revela también algo más sobre el enfoque del Colectivo ÚltimaEsperanza. Si es cierto que la necesidad de lograr realizar una residencia site-specific como la de Montefalcone nos empuja a atender en seguida, una a una, a todas las preguntas que nos nacen antes y durante el “evento”, incluso las más incómodas, sin embargo, después del cierre de una residencia, cuando ya se ha logrado completar el proyecto, es más fácil resistir al diálogo interno de uno, a pesar de que las preguntas más importantes (aquellas que nos podrían orientar hacia los pasos futuros) suelen surgir después. Sin embargo, volver a pensar en una experiencia que ya se concluyó hace año y medio, pero desde la mirada viva y proyectiva de una experiencia nueva que está totalmente relacionada con la anterior, permite atender a este diálogo. La intención de volver a trabajar en una obra ya completada y en los registros en los que esta está(ba) basada revela una visión más profunda del trabajo de uno, una visión más larga del ciclo de vida de una obra, donde la temática de la residencia site-specific (que en Montefalcone fue “Coexistencias”) deja de ser puramente el motor que mueve la creación ocasional de una obra impulsada por el “evento” y se convierte en impulso motor para descubrir más niveles durante un tiempo más largo, que contempla también el hecho de tener que trabajar desde la distancia y la memoria. La investigación en Montefalcone culminó en un concierto visual al aire libre durante el cierre, en el que los muros del pueblo se convirtieron en pantalla de proyección. Los registros de una residencia site-specific palpitan aún cuando reviven en la presentación de la obra durante el cierre. En aquel momento, todo tiene sentido y conlleva sensaciones. En cada documento, su valor de testimonio vivo está aún muy fuerte, pues allí están los lugares y la naturaleza como espacio abierto, allí están la personas que contribuyeron a la obra, ahora acudiendo a visitarla, en una circulación de miradas muy interesante. En una palabra, allí está el “site”. De ahí la pregunta sobre qué forma pueda y debería tomar, año y medio después, el material de una tal residencia fuera del “site”, en una instalación, lejos del valle ventoso y grande de Montefalcone, en el espacio más localizado y delimitado de RIOT Studio, en el centro antiguo de la gran y vivísima ciudad de Nápoles. Después de haber vivido la experiencia de entrar físicamente al multiverso oscuro -pero muy habitado- armado por el Colectivo ÚltimaEsperanza en RIOT Studio, puedo decir que la instalación logró transmitir en Nápoles el mismo grado de cercanía e intimidad del concierto en Montefalcone, comunicando todo lo necesario, pero desde una lógica de “sustracción de volumen”: una atenta selección y poco procesamiento del contenido sonoro; las pantallas traslúcidas flotantes colgadas en el techo con hilo transparente, casi como una reaparición, aligerada de peso, de los muros-pantallas del pueblo; los rostros, los elementos naturales proyectados, que adquieren cierta esencialidad en su forma y contornos, pero ya se intensifican y se vuleven más complejos repitiendose mientras que ya desaparecen, pantalla sobre pantalla, en la sala oscura… Sigo pensando que hay algo muy fascinante y valioso en lograr mantener vivo un diálogo con lo que ya no está presente, lograr comunicar claramente desde la profunda oscuridad de las memorias. 

Beatrice Ferrara

Nápoles, 10 de mayo 2019