HuenChie-kef-hé es la puesta en escena de una memoria ancestral que no se conforma con la nostalgia ni el archivo muerto, sino que se erige como agencia viva. En esta investigación situada en el extremo sur del mundo, los árboles dejan de ser objetos de contemplación estética para convertirse en entes más-que-humanos con los que la obra establece un vínculo de escucha recíproca —una escucha que no pretende traducir lo vegetal al lenguaje humano, sino que expone al espectador a la extrañeza de otros ritmos, otras duraciones, otras formas de habitar el planeta.
Los nothofagus antártica —ñirres que han atestiguado milenios— no son meros individuos biológicos: son nodos de una red que conecta el suelo micorrízico, la atmósfera subantártica, el deshielo de los glaciares y la memoria. Cada escucha y cada observación nos permiten especular sobre la memoria ancestral de estos individuos y cómo nos reconectan con una Antártida que fue verde, mucho antes de que el hielo la sellara en su manto de silencio.
La obra opera como un dispositivo de atención profunda. A través de un extenso archivo de campo, se registró durante un periodo prolongado la vibración interna de los troncos utilizando geófonos introducidos en las cavidades que una familia de pájaros carpinteros australes perforó en la corteza de varios ñirres, capturando tanto el rumor de los golpes rítmicos del pico del ave, el paso del viento y las vibraciones profundas del bosque. Paralelamente, se han realizado numerosos escaneos tridimensionales de ejemplares de ñirre, realizados en distintas estaciones del año, que abarcan desde micro-bosques de cladonias, parmotremas, hasta árboles completos, creando un archivo vivo que registra no solo su geometría, sino las sutiles transformaciones que ocurren en escalas temporales difíciles para el ojo humano: un temblor en la corteza ante una tormenta, ramas que se quiebran con la fuerza de los vientos o el cambio en el color de las hojas en otoño.
Esa lentitud, capturada por la tecnología, nos enfrenta a una temporalidad que desestabiliza la nuestra. Mientras nuestras urgencias miden el tiempo en ciclos de producción y titulares de noticias, los árboles habitan un presente extendido donde la Antártida verde no es un capítulo cerrado, sino una resonancia que aún modula su fisiología.
El título «HuenChie-kef-hé» evoca la escucha profunda y el lenguaje del bosque, resonando con prácticas ancestrales de escucha territorial. Este proyecto de arte contemporáneo cruza la bioacústica, la fotogrametría 3D y la escultura para generar una reflexión situada sobre el Antropoceno desde el extremo sur de Chile.
Si el ñirre llegó desde la Antártida cuando el hielo era selva, hoy, en estos tiempos de policrisis, su memoria vegetal nos invita a especular no tanto sobre cómo imitar sus adaptaciones, sino sobre qué significa sostener una presencia viva en un mundo que se deshiela.